Cartel de Feria · Segundo premio

Feria, el asiento de los recuerdos

de Francisco Jesús Pérez Rojas

Explicación de la obra

Hay escenas que no necesitan personas para contar una historia. Basta una silla, unos zapatos, un sombrero y todos esos pequeños objetos que, con el paso de los años, se convierten en recuerdos.

Esta silla representa mucho más que una silla. Su perspectiva en cenital, diferente a como se suele representar, nos invita a detenernos frente a ella, como si acabáramos de llegar a la feria y alguien hubiese dejado allí, por un instante, todo lo necesario para salir a disfrutarla. Su respaldo nace de uno de los detalles arquitectónicos más reconocibles del castillo (su ventana) de Cañete de las Torres, convirtiendo el patrimonio del pueblo en parte de una escena cotidiana y cercana.

El verde y el amarillo de la silla no son casuales: son los colores del escudo. Y también el escudo se esconde en el cartel: el águila aparece convertida en la virgulilla de la letra «Ñ», mientras que las almenas del castillo se transforman en la letra «T».

Sobre el asiento descansa un sombrero. Dentro, unas llaves guardan una pequeña historia que todos reconocemos: «Voy a llegar tarde... déjame las llaves». Es ese gesto cotidiano, tan sencillo, que habla de las casas, de las familias y de la vida de un pueblo cuando llega la feria.

Junto a ellas aparece una flor de buganvilla, caída sobre el suelo, como si hubiese escapado de la calle del Arco. Porque también las calles de Cañete forman parte de nuestra memoria.

Y debajo de la silla espera un viejo caballito de madera, comprado en la tómbola. Un juguete de otra época que nos recuerda que la feria se hereda: de abuelos a padres, de padres a hijos, y que cada generación encuentra en ella sus propios recuerdos.

A un lado, unos zapatos de feria guardan un secreto. Dentro, escondidas, hay unas monedas que ha dejado la abuela el «fereo». Un pequeño gesto de cariño que seguramente muchos hemos vivido de una forma u otra: ese «toma, pero que no se entere nadie» que convierte unas monedas en uno de los recuerdos más valiosos de la infancia.

Sobre la silla cae también un manto tradicional, con sus rosas bordadas. Es el color, la artesanía y la elegancia de nuestra tierra.

Así, la silla se convierte en un pequeño escenario donde conviven el patrimonio, las costumbres, la infancia, la familia y la feria.

Una silla, una llave, unas monedas, un juguete, unas flores y un manto.
Pequeñas cosas que, juntas, cuentan la historia de una Feria Real de San Miguel y de todo un pueblo.

¡Feliz Feria!

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